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LA DEPRESION: COMPARACIÓN ENTRE LA GESTALT Y OTROS PUNTOS DE VISTA

LA DEPRESION: COMPARACIÓN ENTRE
LA GESTALT Y OTROS PUNTOS DE VISTA



Gary Michael Tyson & Lillian Miller Range
Artículo publicado en The Gestalt Journal, Vol. IV, No. 1
Traducción de Manuel Sorando Martínez, psicólogo psicoterapeuta.
Durante los últimos años ha habido un creciente interés por las teorías y el tratamiento de la
depresión. Este interés es el resultado de la incidencia de la depresión clínica que, de acuerdo con un
informe especial sobre la depresión llevado a cabo por el NIMH1 (1973), ha empezado a rivalizar con la
esquizofrenia, en todo el país, como el problema mental más importante y de más incidencia. El
propósito de este artículo es establecer las similitudes y diferencias entre la teoría de la Gestalt y el
tratamiento que ésta aplica y otras formas de teoría y tratamiento de la depresión.
Existen diferentes teorías acerca de la depresión. La teoría del psicoanálisis tradicionalmente ha
contemplado la depresión como la agresión hacia un objeto interiorizado con un significado ambivalente
(Freud, 1917). Recientemente, otras teorías más avanzadas ven la depresión como el reflejo de: (a) un
problema cognitivo (Beck, 1974); (b) desamparo aprendido o de no contingencia (Abramson, Seligman &
Teasdale, 1978; Seligman, 1974); (c) paradigmas de la extinción (Ferster, 1974; Lazarus, 1968;
Lewinshon, 1974); (d) un fracaso en la autorregulación (Mathews, 1977); (e) relaciones interpersonales
ineficaces (Coyne, 1976; Salzman, 1974); o (f) una protección contra los efectos normales del desamparo
o la desesperanza (Benton, 1972).
En la teoría de la Gestalt, la neurosis (de la que la depresión podría constituir un aspecto) puede ser
conceptualizada en términos de lo que Perls llamó “el perro de arriba y el perro de abajo”, escisión de la
personalidad en la que el individuo fracasa en la resolución, o no es totalmente consciente, del conflicto
planteado entre dos componentes diametralmente opuestos de su personalidad. Estos componentes
representan actitudes introyectadas y creencias que le fueron impuestas al individuo durante su primera
infancia y que fueron aceptadas sin crítica por él. En una persona deprimida neuróticamente, uno de los
componentes de la personalidad estaría representado por una conciencia o superego muy severo (el perro
de arriba), que sería el resultado de un entorno que originalmente impuso sus preceptos al individuo bajo
las amenazas del castigo, retirada de afecto, etc. Por tanto,
el individuo interioriza estos preceptos (ambientales) en la forma de una
conciencia que asume la función de vigilar que la persona piense y se comporte
como “debe”. La agresión desplazada es proyectada hacia la conciencia del
individuo, y la propia persona, en esencia, es la creadora de su propio
“dictador” interno.
(Ward & Rouzer, 1974, p. 25)
Sin embargo, en contraste con la naturaleza autoritaria del “perro de arriba”, el segundo
componente de la personalidad (el perro de abajo) representa actitudes y creencias que hacen
referencia al supuesto desamparo, incompetencia y falta de adecuación del individuo. Así, sin la plena
conciencia de este conflicto, el neurótico fracciona su personalidad entre lo que debería hacer y lo que
hace, entre el amo y el esclavo, entre el agresor y la víctima. El neurótico se manipula a sí mismo y a
los demás, a través de la expresión alternada y la proyección de estas polaridades. Sin embargo, debido
a que ninguna de estas partes es expresada o experimentada completamente, el conflicto queda sin
1 National Institute of Mental Health. Organo oficial de la Administración norteamericana para las
enfermedades mentales. (N. del T.)
La depresión: Comparación entre la Gestalt y otros puntos de vista.
Gary Michael Tyson y Lillian Miller Range
The Gestalt Journal, Vol. IV, No. 1
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resolver y, por tanto, se prolonga como algo inacabado. En consecuencia, el individuo neurótico
continua siendo el objetivo de su propia agresión.
El mismo Perls (1976) reconoció la similitud del punto de vista de la Gestalt respecto a la
depresión, con el del psicoanálisis. Los autores psicoanalíticos (como Chadoff, 1974), al observar la
dependencia de la persona depresiva respecto de otros para el mantenimiento de la autoestima,
anotaron que
[las personas depresivas] emplean varias técnicas -la sumisión, la manipulación,
la coerción, la lástima, la súplica, la conciliación- para mantener estas
relaciones, que necesitan desesperadamente y son esencialmente ambivalentes,
con los objetos externos o interiorizados de sus requerimientos (p. 94).
Estas observaciones son sorprendentemente parecidas al contenido y estilo de la lucha entre las
polaridades de ”el perro de arriba” y el “perro de abajo”, y son consistentes con las aserciones de la
teoría de la Gestalt en cuanto a que la persona neurótica manipula, tanto a sí mismo como a su entorno
y a los demás, más que experimentar y reconocer sus necesidades de una manera directa. Un autor
psicoanalista (Dorpat, 1977) observó que
la aparente contradicción en el individuo enfermo por depresión entre la
omnipotencia y actitudes de desamparo y desesperanza, queda parcialmente
explicada por el fraccionamiento del ego. La organización del ego respecto a
sentimientos y actitudes de desamparo y desesperanza es mantenida
rígidamente por separado de aquella otra organización referida a las ideas de
omnipotencia que tiene el sujeto, de la importancia que le da a los objetos o de
ambas al mismo tiempo (pp. 23-24).
Mientras que las teorías de la Gestalt y el psicoanálisis referidas a los orígenes de la depresión
son bastante parecidas, sin embargo las estrategias para su tratamiento son muy diferentes.



El
psicoanálisis es un enfoque esencialmente del “allí y entonces” acentuando la exploración en la
memoria precoz como inductora de la ansiedad. En el otro lado, la Terapia Gestalt es un enfoque del
“aquí y ahora”, que hace hincapié en la toma de conciencia de la forma en que el individuo evita su
propia y plena experiencia del momento (Naranjo, 1970). Este enfoque subraya la confianza en la
sabiduría inherente del propio organismo y en su capacidad de autorregulación. (Polster & Polster, 1973).
Por el contrario, el enfoque psicoanalítico enfatiza la naturaleza inconstante, tanto del id como del
superego, y la habitual debilidad del superego para controlarlos. Ambos enfoques poseen en común la
tendencia a indagar en busca de los sentimientos de agresión que subyacen en la exteriorización de la
depresión.
También existen paralelismos entre la visión de la depresión por parte de la Gestalt y las
observaciones de autores de otras convicciones filosóficas. Por ejemplo, la teoría cognitiva de Beck
(1974) establece que la depresión es la evidencia de los problemas cognitivos que tiene el sujeto en la
evaluación de si mismo, de su mundo y de su futuro (triada cognitiva). La naturaleza de los problemas
de la persona depresiva en esta triada, según Beck, está relacionada con un pensamiento extremo y de
términos absolutos, con el establecimiento de objetivos rígidos y perfeccionistas. Además, cuando
fracasa en alcanzar esos objetivos, “la tendencia depresiva del individuo tiende a culpar de la causa del
hecho adverso a alguna deficiencia presente en sí mismo” (p. 9), tendiendo a contemplar este presunta
deficiencia en términos exagerados, y empleándose en una excesiva autocrítica acerca de las causas de
estas deficiencias asumidas. La teoría de Beck establece que la depresión no es un desorden afectivo,
como podría parecer a primera vista, sino un problema cognitivo. El tratamiento, por tanto ha de
llevarse a cabo a ese nivel, a través de una reestructuración del pensamiento erróneo del individuo.
La teoría de la depresión de Beck, al igual que lo expresado por la Gestalt, propone el auto apoyo
en lugar del apoyo ambiental. En términos de la Gestalt, la persona neurótica deprimida necesita apoyo
de su entorno, y con tal de obtener este indispensable soporte, utiliza toda suerte de manipulaciones
neuróticas incluyendo (a) negación de aspectos del sí mismo (Carmer & Rouzer, 1974), (b)
dependencia de otros (Thorne, 1974), (c) rigidez (Ward & Rouzer, 1974), y (d) la creencia de que le
ocurrirán las cosas más terribles si no consigue apoyo del exterior (Hartman & Narboe, 1974). La
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Gary Michael Tyson y Lillian Miller Range
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estrategia de tratamiento que se desarrolla a partir de este punto de vista, pasa por la “frustración
creativa” de estos esfuerzos neuróticos, con el fin de llegar al auto apoyo (Levin & Sephard, 1974;
Smith, 1978). Los diferentes puntos de vista tienen en común su aspiración hacia una actitud más
realista y de aceptación del self, junto con el enfoque de Beck, de estilo más autoritario.
Posteriormente, Beck establece que una razón por la que el individuo tendente a la depresión
desarrolla estas cogniciones erróneas, en primer lugar, está causada por la experiencia de una gran
pérdida, en el momento en que ésta resulta abrumadora para la persona. Esta formulación es muy
parecida al concepto de asunto inacabado que preconiza la Gestalt. Los modelos, no obstante,
discrepan en este punto en lo referente al tratamiento. El trabajo desde la Gestalt implica “trabajar con”
la plena expresión de las emociones de la situación inacabada, con el fin de facilitar una resolución más
integradora del asunto (Dublin, 1978). El acercamiento cognitivo de Beck, deja de lado la expresión de
los aspectos emocionales del tratamiento y se centra en el intelecto o sistema de creencias del
individuo, tratando de reestructurar el pensamiento del sujeto de forma más adecuada.
Otro popular modelo de depresión mantiene que la esencia de la depresión reside en que
el paciente depresivo ha aprendido o cree que no puede controlar aquellos
elementos de su vida que le previenen del sufrimiento o que son gratificantes
para él. Resumidamente, cree que es ineficaz (Seligman, 1974, p. 98)
Así pues, en su forma original, el modelo de Seligman se centra casi exclusivamente en el
componente de la personalidad llamado “perro de abajo”. Una revisión posterior (Abramson, Seligman
& Teasdale, 1978) añade un aspecto importante de la teoría de la atribución, diciendo que la persona
depresiva debe atribuir su ineficacia a algún aspecto de sí mismo. Debe creer que la culpa de su
incompetencia la tiene él mismo. El tratamiento, en la teoría de Seligman, se centra esencialmente en
el comportamiento,(a) enseñando al individuo a discriminar entre aquella situación en la que fue
incompetente y aquellas otras en las que no lo fue, y (b) haciendo que la persona experimente su
propia eficacia.
El concepto de la Gestalt sobre la aptitud personal está directamente relacionado con el modelo
de Seligman. En la teoría de la Gestalt, el individuo neurótico no puede entrar en contacto o es incapaz
de utilizar su propia energía. Por tanto el tratamiento consistirá en ayudar al paciente a volver a entrar
en contacto, o controlar, sus capacidades personales
La persona puede experimentar, bien tener el control de su potencialidad (ser apto), o no poseer
ese control (depresivo). El tratamiento en ambos acercamientos está basado en la experiencia personal de
la situación y no en la realidad externa de la misma.
Las teorías del comportamiento sobre la depresión señalan que ésta es el resultado de (a) una
reducción en el refuerzo de determinadas conductas (Ferster, 1974), (b) la escasa disponibilidad de
refuerzos apropiados (Lewinsohn, 1974), o (c) la perdida de efectividad de los refuerzos disponibles
(Lazarus, 1968). El concepto de la Gestalt de asuntos inconclusos se hace aquí imprescindible. Estos
asuntos inconclusos hacen uso de las reservas de energía del organismo, por lo que el individuo (a)
dispone de menos energía para conseguir refuerzos apropiados por su conducta, (b) no tiene la capacidad
suficiente para seleccionar de forma efectiva y eficiente un entorno favorable a su conducta, o (c) no
puede experimentar apropiadamente los refuerzos del entorno que si se encuentran presentes (por lo
que estos refuerzos parecerán poco eficientes o inadecuados).
El tratamiento del comportamiento depresivo, consiste típicamente en restablecer en la persona la
elaboración de conductas que proporcionen refuerzo adecuado. El tratamiento desde la Gestalt consiste en
intensificar la toma de conciencia del presente de la persona depresiva (Polster, 1966), y su flexibilidad
para manejar este presente (Knopp, 1974). Por tanto, el enfoque de la Gestalt adjudica más
responsabilidad al individuo y más confianza en su inherente capacidad para ayudarse.
La teoría de la Gestalt comparte con el modelo de autorregulación de la depresión la hipótesis de
que los humanos funcionamos de acuerdo al principio de homeoestaticidad. El modelo de la
autorregulación mantiene que cuando una cadena comportamental no se completa convenientemente,
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todos los organismos pasan por las fases de autorevisión, autoevaluación, y autorrefuerzo. Para el
individuo depresivo, sin embargo, las autoevaluaciones tienden a ser excesivamente inflexibles y los
autorrefuerzos claramente inadecuados. Por tanto, la natural autorregulación del organismo queda
obstruida. El punto de vista de la Gestalt es que el neurótico no permite que pueda tener lugar el
proceso natural de contacto y retirada, por lo que mantiene el contacto cuando necesita retirarse, o se
retira cuando necesita el contacto (Perls, 1978). El tratamiento desde la Gestalt anima al paciente a
escuchar su propio proceso natural.
Salzman (1974) y Coyne (1976) hacen hincapié en los aspectos interpersonales de la depresión.
Salzman (1974) afirmó que la depresión tiene lugar cuando el individuo siente que “ha perdido la
estima y la buena disposición de los demás porque ha fracasado en vivir de acuerdo con sus ideales y
objetivos perfeccionistas” (p.50). El contenido de la depresión, sugiere, “consiste en una variedad de
dispositivos de coacción, exigencia, suplica, y extorsión, que procuran obligar a retornar al objeto o
valor perdido” (P. 50). Ya se ha comentado antes que los individuos neuróticos depresivos, de acuerdo
con la teoría de la Gestalt, manipulan a los demás como a sí mismos, y tratan de comprometer a
amigos, familiares, o al terapeuta para que interpreten unos u otros aspectos de si mismos (más a
menudo con las peculiaridades del “perro de arriba”), a través de la manipulación y/ o proyectando
características de esos componentes (Perls, 1973). Como indicaba Coyne (1976), la persona depresiva
“es capaz de comprometer a los demás en su entorno de tal manera que se pierde cualquier apoyo y se
elicitan los mensajes depresivos” (p. 29). En términos de la Gestalt, la persona depresiva ha aprendido
con eficacia cómo emplear los aspectos del “perro de arriba” del entorno, para poder adoptar la
polaridad del “perro de abajo”. Esta práctica justifica el apoyo en el entorno mientras que obstaculiza el
desarrollo de la propia autoayuda y, como consecuencia, impide que pueda ocurrir un cambio.
Salzman y Coyne no argumentan sobre el proceso. La Terapia Gestalt se basa en el
procedimiento, subrayando la importancia, paradójicamente, de alentar a la persona a ser lo que
realmente es (Beisser, 1970). Por tanto, mientras que el cambio no es el objetivo inmediato, esta
orientación permite al individuo atenderse y hacerse cargo de si mismo, una actitud que, a menudo, es
la causa de notables cambios.
Finalmente, también existen paralelismos entre la formulación de la Gestalt y la postura
adoptada por Benton (1962), quien sugirió que la depresión podría representar un intento por parte
del individuo de defenderse de la experiencia o de reexperimentar la perdida y la aflicción. El “juego de
la depresión” , decía Perls (1970), tiene lugar en la capa del “como si” de la neurosis, donde nuestro
miedo al dolor y a la desesperanza nos disuade de tener la experiencia y de expresar emociones más
sinceras y genuinas. Estas posturas parecen bastante afines. El tratamiento en ambos casos conlleva
facilitar en el paciente la plena experiencia de estos sentimientos.
La revisión en la búsqueda de tratamientos nos hace concluir que, mientras varias de las
aproximaciones han tenido éxito reduciendo la depresión, aquellas que han obtenido un mayor triunfo,
incluyen (a) la corrección de las distorsiones cognitivas, (b) la modificación de patrones de interacción
social, o (c) la experiencia y/ o expresión de la emoción. Los terapeutas Gestalt pueden afirmar que la
plena integración de la personalidad, que es el objetivo de la Terapia Gestalt, incluye todos estos
componentes.


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