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El misticismo en la mecánica cuántica

El misticismo en la mecánica cuántica: una controversia olvidada

A principios del siglo XX, un grupo de físicos europeos revolucionó el mundo al desvelar el extraño funcionamiento de la materia a nivel microscópico. Fue entonces cuando ciertas mediciones revelaron que, de alguna manera, la conciencia humana podía influir en la composición de la realidad. Inmediatamente, se creó un debate entre los físicos materialistas -que negaban cualquier subjetivismo en la ciencia- y los físicos idealistas, que defendían que el ser humano podía ser a un tiempo actor y observador del mundo. Este apasionante debate decayó a mediados del siglo XX, dando paso a la consabida dicotomía “ciencia vs. religión”. El historiador Juan Miguel Marín, de la Universidad de Harvard, propone sin embargo que los físicos actuales no olviden las interpretaciones iniciales de los físicos fundadores de la teoría cuántica, porque a través de ellas podría enriquecerse la perspectiva de la física moderna.

Juan Miguel Marín, historiador de la Universidad de Harvard, acaba de publicar en el European Journal of Physics un artículo en el que habla de la controversia entre misticismo y materialismo que, a principios del siglo XX, se generó a partir de los descubrimientos de la física de partículas.

Marín se pregunta en dicho trabajo si el misticismo tiene aún un lugar en la mecánica cuántica de hoy día o, por el contrario, la idea de que la mente juega un papel en la creación de la realidad ha sido trasladada ya por completo al ámbito de las reflexiones filosóficas.

En la revista PhysOrg.com, que publica una síntesis del artículo del historiador con declaraciones suyas, se explica que el origen del debate se produjo en Alemania, en los años 20 del siglo pasado, y que estos “enfrentamientos” entre físicos materialistas e idealistas de entonces fueron muy distintos a los debates que hoy día generan entre científicos religiosos y científicos ateos.

Ausencia de dicotomía


A principios del siglo XX, por ejemplo, religión y ciencia no estaban tan divididas como hoy día, y algunos de los más eminentes físicos de la época se sentían especialmente inspirados por el misticismo oriental.

A pesar de las diferencias entre una y otra época, Marín afirma que estudiar las interpretaciones originales sobre la mecánica cuántica podría ayudar a los especialistas actuales a entender mejor la teoría, y también podría resultar de gran importancia para el público general.

Según el historiador, “ser conscientes de este tema (de las primeras y diversas interpretaciones dadas a los descubrimientos de la física de partículas) permitiría que la audiencia general se diese cuenta de que existen muchas otras alternativas a la que ofrece la dicotomía entre ciencia y religión”.

De hecho, “ciencia versus religión es una forzada elección reciente, que los fundadores de la mecánica cuántica jamás habrían reconocido ni mucho menos aceptado”.

Introducción de la conciencia

A principios del siglo XX, los físicos descubrieron que, aunque en nuestra vida cotidiana las cosas parecen existir sin que pongamos nada de nuestra parte, es decir, independientemente del observador, en el nivel cuántico de la materia no ocurría lo mismo, ya que las observaciones científicas podían afectar a lo que se estaba observando, explica Marín.

La conocida como “interpretación de Copenhague” para esta característica del mundo cuántico fue la siguiente: no se puede hablar de una realidad objetiva más allá de lo que se nos revela a través de la medición y de la observación. O, en otras palabras, nada se puede afirmar de lo que pasa cuando no se observa.

El debate sobre la introducción de la conciencia en la ecuación de la interpretación del mundo cuántico, tal y como explica Marín, se inició en 1927, cuando Einstein (físico materialista) acusó a Neils Bohr (físico idealista) de aplicar a la ciencia un misticismo incompatible con ésta.

Bohr negó estas acusaciones y culpó a Einstein de no haberle entendido bien cuando afirmaba que los humanos eran tanto actores como observadores del mundo. Porque, aunque Bohr pensaba que los procesos cuánticos sucedían sin la necesidad de los observadores, también simpatizaba con la idea de que la extensión de la teoría cuántica podría ayudar a comprender la conciencia.

Einstein, por su parte, se opuso de manera inflexible a cualquier subjetividad en el terreno científico y, de hecho, dedicó gran parte de su vida a buscar evidencias que fundamentaran la teoría de la mecánica cuántica dentro del realismo.

Físicos y también filósofos

Por otro lado, el físico Wolfgang Pauli fue defensor de algunas de las ideas que Einstein rechazaba. Por ejemplo, estaba a favor de un “misticismo lúcido” que fuera una síntesis entre la racionalidad y la religión.

Pauli creía que la teoría cuántica podría unificar los enfoques científico/psicológico y filosófico/místico de la conciencia. La perspectiva de Pauli estaba influenciada por la filosofía de Arthur Schopenhauer, a su vez influenciada por las religiones orientales.

Otros físicos ofrecieron perspectivas distintas. Marín señala que Max Planck, por ejemplo, consideraba que la religión y la ciencia eran compatibles, porque creía que ambas estaban basadas en la objetividad aunque referidas a distintas facetas de la realidad.

El físico inglés Paul Dirac, por el contrario, rechazaba cualquier tipo de vocabulario religioso señalando que “la religión es un revoltijo de falsas aseveraciones con ninguna base de realidad”.

Se extiende el misticismo

En el año 1929, la controversia sobre el misticismo también se expandió al ámbito público. Ese año, el astrofísico Arthur Eddington publica The Nature of the Physical World, libro en que defendió el misticismo y con el que captó la atención de los medios de comunicación internacionales.

En los siguientes años, los físicos Werner Heisenberg y Erwin Schrödinger tendieron también cada vez más hacia el misticismo, irritando a Einstein y a Planck.

En 1958, finalmente, Schrödinger, inspirado desde su juventud por Schopenhauer, publica las conferencias “Mente y Materia”, en las que argumenta que existe diferencia entre las mediciones con instrumentos y la observación humana: un registro con un termómetro no puede ser considerado un acto de observación dado que no contiene sentido en sí mismo.

Por tanto, la conciencia se necesitaría para hacer significativa la realidad física. Según concluye el físico: “algunos de vosotros, estoy seguro, lo llamaría a esto misticismo. Pero, con el debido reconocimiento al hecho de que la teoría física es en todo momento relativa, dado que depende de ciertas suposiciones básicas, creo que podemos afirmar que la teoría física en su estado actual sugiere fuertemente la indestructibilidad de la Mente por el Tiempo”.

Unificar física y mente

Tal y como señala Marín, las conferencias de Schrödinger marcan el fin de la generación que vivió la controversia del misticismo. Esta controversia desaparecería en la segunda mitad del siglo, cuando la cultura física de entonces se mezcló con el mundo anglo-americano.

La mayoría de los físicos actuales son, como Einstein, realistas, y no creen que la conciencia juegue un papel en la teoría cuántica. La perspectiva moderna dominante es que una observación no puede originar que un átomo exista en la posición observada, sino que, simplemente, el observador se encuentra al átomo como está.

Y eso a pesar de que ha habido posteriormente físicos y pensadores que han intentado rescatar las perspectivas de los físicos idealistas de los años 20, en libros como “El Tao de la Física”, del físico Fritjof Capra o “La danza de los Maestros” de Gary Zukav, e incluso en una película titulada “What the Bleep do we know?”, de la que ya hablamos en Tendencias21.

Pero, según Marín, hoy la ciencia se ve como opuesta a la religión, aunque en el origen de la física cuántica hubiera en realidad físicos religiosos y no religiosos a ambos lados del debate.

El historiador espera que los científicos puedan enriquecer sus propias posturas en investigación considerando cómo los fundadores de la física de partículas interpretaron su propia teoría.

Porque, para Marín, muchos físicos actuales quedarían impresionados si se acercaran a la manera en que Pauli o Weyl (un matemático alemán) describían, por ejemplo, el concepto de “campo” en sus artículos. Ambos estaban inmersos en el misticismo, buscando una vía para unificar mente y física, una vía que ahora parece perdida.

Por Yaiza Martínez